Es interesante ver cómo los taiwaneses tratan a los niños. Por un lado, los niños son muy bienvenidos en todos lados. Por ejemplo, si llevo a Ignacio a la feria, le regalan frutas, si lo llevo a una juguería le regalan un yogourt, o en un café unas galletitas. En el tren le han regalado frutas, galletitas, etc. Y siempre le sonríen, le dicen que es divino, y muchas veces le quieren tocar los rulitos. También hay placitas con juegos bastante bien diseñadas y equipadas por muchos lados de la ciudad. Por otro lado, tienen la creencia de
que no hay que
EN LA FOTO: IGNACIO Y LUCAS (TODOS LOS TAIWANESES "TIENEN" UN NOMBRE EN INGLES, ADEMAS DE SU NOMBRE EN CHINO). SON COMPAÑEROS DE LA ESCUELA Y TAMBIEN DE FUTBOL.
consolarlos mucho cuando lloran y no consideran la perspectiva de un niño (los niños tienen que adapatarse al mundo regido por adultos -- adultos = jefes). Ejemplo: un ne
ne de unos 4 años se cae en la placita, se hace un corte en la espalda del que le sale sangre y viene llorando a gritos a la madre. Quiere prenderse de las piernas de la madre (que está parada), y la madre le rechaza el abrazo, el niño insiste, la madre insiste. A la vez le habla (en chino, no sé que le dice), pero sigue manteniendo la distancia. El niño sigue llorando y llorando por unos 15 minutos. La madre nunca lo toma en brazos, nunca se aga
cha y lo mira a los ojos. Al fin se van de la mano, con el niño todavía llorando. Esto es un ejemplo, pero lo he visto pasar muchas veces. Incluso conversando con otras madres me han dicho que creen que consolarlos es malo, porque siempre van a llorar para pedir atención. También en la escuela, y otras clases que Ignacio toma, veo que si un niño llora, lo dejan llorando. Piensan que cuando se canse de llorar, retomará el grupo. En la clase de ejercicio de Ignacio, hubo una niña de 4 años que lloró los 50 minutos, parada en una esquina, y nadie le dijo nada, ni hizo nada (yo mirando por una ventana espejada --los niños no ven para afuera--, como todos los otros padres, mientras la profesora y los niños estaban en clase; no me correspondía intervenir). Así le dijo la directora de la escuela de Ignacio a una niña que lloraba porque le sirvieron una merienda que no quería comer: “Para qué llorás? No llores! Llorando nunca vas a lograr nada en la vida.” :(